lunes, noviembre 01, 2010

EL PUEBLO DE LOS GARRULOS POST-MODERNOS


Detesto este lugar de veraneo, y a la fauna que atesta sus calles, especialmente de noche. Y no es sólo por los turistas que van (vamos) en período estival, no. Los autóctonos son mucho peores. Son simples cotillas y catetos de pueblo que, como de adolescentes han pasado veranos con guiris que les traían discos de moda, han crecido sintiéndose muy guays y muy cools, especialmente los que han pasado temporadas por ahí fuera, que son como los “cosmopolitas del pueblo”. Es realmente patético, visto desde fuera. Afortunadamente, mañana después de comer meteré mis maletas en el maletero y no volveré a pisar este apestoso y contaminado lugar. Creo que debe haber algo en el aire, o en el agua, es la explicación para que la gente sea especialmente imbécil por aquí... Además, parece ser que los que vienen de fuera, cuando pasan más tiempo de la cuenta en este lugar, empiezan a involucionar radicalmente... Sí, eso reafirma mi teoría, debe haber algo en el agua, y cuando nos bañamos en verano, nos afecta, y los que viven aquí se bañan mucho más, por eso son así...
  • Otra cerveza, por favor. - detesto al camarero, no porque sea extranjero, en absoluto, varias de mis personas más queridas son de muy lejos, pero joder podría molestarse al menos en aprender palabras básicas para desempeñar su profesión en un país hispano parlante: cerveza, vaso, hielo, perdona, gracias... En realidad, odio el puto garito al completo, y a toda la gente que hay en él, pero es lo único que he encontrado abierto a estas horas.
  • EEEEEEEEer, aaar, Beer? Ok.
Cretino, encima ha tardado un siglo en traérmela, y no está demasiado fría. Este menda se entretiene más en bailotear con paletas que pierden el culo por que les invite a chupitos un camarero que parlotea inglés (porque tampoco es su idioma, averigua de qué agujero de las antiguos territorios soviéticos es el menda), que en atender la barra. Si no quisiese beberme otra luego, le partiría el botellín en la puta cabeza. Quizá lo haga cuando me beba la última.

Me bebí la cerveza, en la barra, mirando con cara de malote al camarero. Me pedí la otra, su ineficacia al atenderme fue similar a la ocasión anterior, y me retiré a un sofá que se había quedado libre a bebérmela tranquilamente mientras observaba la fauna. Gente borracha que baila al ritmo de música lamentable, con alguno que otro que acude a menudo al servicio a empolvarse la nariz. Lo normal de cualquier garito, pero aquí hay un tufillo a gafapastismo cutre vomitivo. Los chicos casual y las chicas con sus vestiditos retro-cools, todos con sus flequillos y sus gafas de pasta reglamentarias, que no son conscientes de lo poco coordinados que resultan sus ebrios movimientos en esa especie de bailes con los que intentan demostrar que están todos en celo.

Me terminé la cerveza (one more time) y decidí que ya era suficiente. Llevaba toda la noche bebiendo, en varios sitios detestables, y estoy apunto de amanecer en el peor de todos. Paso. Así que me levanté, me acerqué a la barra, y al grito de “hijo de putaaaa” intenté agredir al camarero con el botellín vacío de Heineken. Por desgracia, mi borrachera estaba a un nivel superior a la suya, y si unimos eso al hecho de que el tipo va evidentemente enfarlopado, y tiene pinta de ir al gimnasio o practicar algún deporte a menudo, el resultado es obvio: interceptó ágilmente mi ataque, saltó por encima de la barra, me pateó en el estómago y me arrojó a una esquina llena de mierda y cristales rotos, junto al habitáculo del pésimo dj, para mi mayor humillación.

El mamón volvió a la barra, para seguir cortejando a un grupo de lerdas y presumir de paso de la paliza que me había propinado. Yo me quedé allí tirado, en aquel oscuro rincón, pensando en salir de allí de la manera más digna posible... En ese instante, las puertas del antro se abrieron violentamente, y entró un tipo alto, muy delgado, encapuchado, y no sabría daros más detalles de él, pues yo sólo veía a través de los huecos que había entre la cabina del dj y la barra, y claro, mi vista estaba fijada en la Smith&Wesson que portaba el recién llegado. Es curioso, no tengo ni puta idea de armas, pero tenía una réplica de juguete en mi adolescencia del mismo modelo, con la que me hice cientos de fotos en plan tipo duro, por lo que la reconocí al instante, con su brillante cañón y su elegante empuñadura. Fue directo a la barra y disparó a bocajarro al imbécil del camarero, que parecía ser su principal objetivo, pero este hombre estaba decidido a gastar allí todas sus balas, y llevaba muchas. El Dj se llevó acto seguido su ración de plomo, y de ahí, el objetivo pasó a ser la masa horrorizada. Desde mi privilegiada posición pude ver cómo decenas de balas alcanzaban a modernos con una aterradora banda sonora de gritos y disparos. El premio a la mejor escena fue sin duda al balazo en el ojo que recibió a través del cristal de sus gafas modernas una chica de atractivas piernas, de vestido corto y escote generoso, que cubrió con sus sesos el rostro de una de sus amigas. Los cadáveres se amontonan en el suelo, y hay sangre y restos de cráneos y sesos por todas partes. El cabrón tiene buena puntería, acierta a casi todos en la cabeza, espero que no le queden muchos cargadores, porque cada vez queda menos gente y puede verme en cualquier momento. Yo lo único que puedo hacer es cerrar los ojos, permanecer inerte y hacerme el muerto junto al cadáver del dj, que ahora que lo veo ahí tirado, tengo que decir que era sorprendentemente bajito, ¿habría comprado su ropa en la sección infantil del Zara? ¿Por qué pienso en eso ahora cuando en breves instantes me va a coser a tiros un demente y perderé la vida junto a la fauna urbana que más detesto?

Unas sirenas y unas luces, que hasta ahora siempre habían sido sinónimo de problemas, me hacían recobrar la esperanza de salir de allí. Abrí temeroso el ojo derecho, y pude ver al encapuchado salir corriendo a la calle volviendo a cargar la pistola. Tiros. Silencio. Deben haberlo matado. Miro a mi alrededor...algún superviviente en estado de shock, heridos retorciéndose de dolor y muchos cadáveres. No se cuanto habrá durado esto, a mí se me ha hecho eterno desde luego, pero no debe haber sido más de unos pocos minutos. Al cabrón le ha cundido, qué matanza. Es extraño, el caso es que lo único que siento ahora mismo es completa indiferencia, y no creo que eso sea bueno. Definitivamente, no pienso volver a pisar este pueblo.

martes, octubre 05, 2010

Lo que un caballero necesita



La zorra trotaba sobre mí. Sus curvas, sus gemidos, su piel canela, sus movimientos cada vez más rápidos y, sobre todo, su acento, me llevaron a uno de los orgasmos más salvajes jamás recordados. Se me estremece la piel, se contraen los músculos y un abundante chorro de esperma de mala calidad (ya sabes, drogas, alcohol, dieta rica en grasas...) es depositado en una bolsita de látex, para acabar en algún contenedor de basura algo más tarde. Qué mejor destino para mi infame material genético.

Es la primera vez que pago por follar. Por una parte, creo que ha sido una experiencia bastante grata. Por otra parte, creo que esto se debe a que he dado con una excelente profesional. A priori pensé que hacérmelo con una puta sería frío e incluso desagradable, pero la mulata ha cumplido de sobra todas las expectativas que se pueden tener de la estancia durante una hora junto a cualquier mujer: ha sido cariñosa y educada (tanto en la previa como en el cigarrillo post-coital), y a la hora de la verdad me ha hecho correrme como nadie. Todo ello sin tener que mostrar falso interés en la personalidad de alguien, a quien en el fondo detestas y únicamente deseas quitarle las bragas rápido y desaparecer una vez concluida la faena. Y por supuesto, es mucho más barato y tranquilo que una pareja estable. Me he pasado demasiado tiempo inmerso en un puto matrimonio estándar y ahora, que he sido bendecido con el abandono, recupero la libertad y me niego a perder más tiempo. Joder, cada vez que pienso en todo ese tiempo perdido viendo películas infumables, escuchando música moña y tediosa, dando aburridos paseos o comiendo en el restaurante de turno que eligiese "la señora", soy consciente de cómo he desperdiciado los mejores años de mi vida con aquella bruja. Nada que no cure un poco de alcohol. La noche es joven y mi amigo José me espera en el antro donde habitualmente jugamos al billar.

Llegué al lugar, me sentí enfermo al ver a los modernos y modernas de turno, que bailaban y tomaban copas, así que les dediqué una mirada de ira asesina y me dirigí hacia la zona del fondo, donde estaban las mesas, aprovechando para golpear con el hombro a dos o tres memos. Allí me esperaba mi colega, nos saludamos y me dijo que fuese preparando la mesa mientras él iba a la barra a pedir. Whisky, billar, chupito de tequila, porro, billar, whisky, cocaína, billar... La noche, pues, transcurría plácidamente. Estábamos terminando la tercera partida, planeando ir al servicio a empolvarnos la nariz antes de jugar la siguiente. En esta ocasión tenía todas las de perder, me quedan aún cuatro bolas (juego con lisas) y a José sólo la catorce y la negra. Es mejor que yo, siempre lo ha sido, pero también es más vicioso, por lo que su estado físico-mental hace que las partidas estén igualadas. Era su turno y la jugada es fácil: tiene la blanca bien colocada, así que meterá primero la catorce, luego la negra, y me tocará a mí pagar la próxima ronda. Además, se pondrá 2-1 en el global de la noche, y quien pierde el global se encarga de pillar la farlopa para el próximo día. José se agacha, apunta, inicia el movimiento de manos para transmitir a la bola por medio del taco la fuerza y dirección precisas...y las bolas que golpea son las de un muchacho que pasaba por detrás. Falló, metió la negra directamente, y aquel pub cool se convirtió en un saloon del viejo y lejano Oeste.

Os imaginaréis que pasó, José culpó al joven de su derrota y le rompió el taco en la espalda sin dejar tiempo para pedir disculpas. Lógicamente, los amigos del chico acudieron en su defensa y, aunque eran unos mierdas y ninguno de ellos aparentaba llegar ni siquiera a los veinticinco años, eran seis y nosotros dos, así que la pelea estuvo equilibrada. Hubo un poco de todo, con momentos estelares dignos de Hulk Hogan, André el Gigante o El Último Guerrero. Puñetazos, patadas, rodillazos, rotura de botellas en cabezas ajenas, rotura de los tacos de billar que quedaban sanos, rotura de sillas, mesas y cuadros...

En comisaría nos repartieron en dos celdas, cuatro y cuatro, y pasamos un buen rato charlando amigablemente. Fue sólo violencia, no hay que tener rencor. Y eso me hace reflexionar sobre que un acto de violencia injustificada, es mucho más disculpable, respetable y justificado que cualquier relación humana en la que el sexo tenga el más mínimo protagonismo, directa o indirectamente. Nada de eso importa, supongo que al amanecer (no debe quedar más de hora, hora y media) nos dejarán irnos. Estamos hablando de ir los ocho a desayunar a un bar cercano de la comisaría, han resultado ser chicos de puta madre y ya nos veremos en el bar para tomar unas cervezas y jugar unas partidas de billar o dardos.

En casa, vomité y  me tumbé en la cama a sabiendas de que no dormiría nada (demasiada cocaína). Alargo el brazo para encender el equipo de música de la mesita de noche, y empieza a sonar el Nola de los Down...Excelente. Descubro una sonrisa en mi boca, por primera vez en mucho tiempo. Qué fácil es alcanzar todo lo que un hombre necesita en la vida.

jueves, septiembre 30, 2010

Mass-Mierda


Atado de pies y manos al asiento de la máquina de tortura, empezaba a volverme loco de la impotencia, sobre todo cuando descubrí que mi cerebro empezaba a rendirse y a asimilar de buena gana la perforación múltiple intracraneal. Mis ojos ya no son ojos, son bocas con dientes ricos en sarro, que enguyen con ansia las dosis de mierda que prepara un homosexual con gafas de pasta. La vía de entrada al centro de control de mis defensas está abierta de par en par, y mi cuerpo se rinde al ver que no hay resistencia posible ante el tsunami de “información” fecal.

En cada una de las pantallas me hablaba un tipo diferente, manipulando mi mente, borrando mis principios, violando mi ideología y arrastrándome al consumismo de heces, para así mantener llenos sus bolsillos. Pero yo se que todos ellos son uno sólo, miembros de un gigante devorador de mentes, camuflado en diferentes apariencias, para tener acceso al mayor número de víctimas. Se autoproclaman representantes del ocio y de las diversas formas de pensar, para que nos confiemos e incluso lleguemos a tenerles cariño, así ni nos daremos cuenta cuando nuestras bocas oculares estén bloqueadas en posición de abierto, preparadas para la penetración. Una penetración que lleva irremediablemente a la lobotomía.

No puedo creerlo, ha llegado mi momento, estoy preparado para integrarme a la gran masa ciudadana; junto a aquellos viejos amigos que cayeron antes que yo, haciendo gala de una preocupante ignorancia y una escalofriante deslealtad, traicionando a los suyos para poder vivir de acuerdo a la modernidad políticamente correcta, o aquella vieja amiga cuyo exilio temporal la llevó a esclavizarse a los nuevos tiempos y unirse, de manera permanente, a las filas del ejército de analfabetos tecnológicos, modernos de diseño y maricas de playa.

No hay esperanza ni futuro. Seguiremos cayendo uno a uno, preparados para desayunar, comer y cenar las boñigas asadas cocinadas con esmero por los grandes chefs de los mass-media.

viernes, septiembre 24, 2010

Viaje de placer


Tras pasar una semana de viaje organizado en Los Ángeles, se me presentó la oportunidad de recorrer la Ruta 66 en Harley hasta Chicago, por mi cuenta, a solas, por un precio muy asequible. Es cierto que los yanquis siempre me han parecido detestables, y después de mi estancia en L.A., mucho más, pero hay ciertos iconos de los U.S.A. que quiero conocer, como la Ruta 66 y Chicago, la mítica ciudad de Al Capone, los rascacielos, el metro-ferrocarril... Joder, incluso me haría ilusión pasar por el barrio de Macaulay Culkin en Sólo en Casa, vaya mierda.

Así pues, alquilé una de esas bellezas mecánicas de dos ruedas, e inicié la marcha, con el típico grito de Born To Be Wild. Paisajes incomparables, la sensación del aire en la cara mientras pasan por la cabeza escenas de tantas y tantas películas... Albuquerque, Oklahoma, St. Louis... Esas cafeterías y estaciones de servicio en mitad de la nada... En definitiva, una experiencia inolvidable. Pero por desgracia, no es lo que más me marcará en mi viaje por los United States.

Un buen día, tras salir de Springfield (Illinois), pasé por la localidad de Williamsville, donde quería visitar The Old Station of the Route66, y de paso, poder dar un tranquilo paseo por un pequeño pueblecito estadounidense. Dicho y hecho, aparqué la máquina en una solitaria y pintoresca calle, con sus típicas casitas con jardín y comencé a hacer fotos como un poseso, con la firme intención de acabar el viaje con gigas y gigas de fotos y videos, ya que más adelante debía torturar a mis amigos ilustrando los relatos de mi viaje.

Mientras inmortalizaba la calle y a sus escasos transeúntes, una agradable anciana me solicitó educadamente ayuda para llevar hasta su casa una sorprendente cantidad de bolsas de la compra. Acepté, no sólo por ser el elegante caballero que soy, sino también (sobre todo) por la oportunidad de ver desde dentro un típico hogar del estado de Illinois.

El hogar de la señora estaba cerca, pero al ritmo de la octogenaria, tardamos unos minutos en llegar, en los que le dió tiempo a contarme que se llamaba Margaret, que tenía ochenta años, que vivía con su apuesto marido Paul, de ochenta y tres, un hombre de los que ya no quedan, y que tenía cuatro hijos y seis nietos, que vivían todos en Chicago. Al cruzarnos con unas adolescentes ligeras de ropa, torció el gesto y comenzó con un rancio discurso republicano: que si se ha perdido la decencia y la moralidad en este país, que si está todo lleno de negros, hispanos y musulmanes, que se estaban destruyendo los valores que habían hecho tan grande América... Y continuó así hasta la casa, muy típica, muy yanqui, muy hogareña y acogedora. Una vez dentro, me ofreció una Budweiser y me invitó a sentarme en el cómodo sofá del salón. En ese momento, apareció por la puerta el bueno de Paul, un tipo enjuto, de pelo canoso, con aspecto de que quedaba ya poca vida en él...si no fuera por el hecho de que me apuntaba con un rifle cuyos cañones me parecían grotescamente grandes. Me levanté asustado con la intención de salir de allí rápidamente, pero Paul me ordenó que me estuviese quieto, amenazando con apretar el gatillo y reventarme los sesos. La vieja radical comenzó a atarme, y ambos me gritaban que qué coño hacía un puerco extranjero, con barbas y chupa de cuero, en su pueblecito rebosante de paz. Decían que si estaba allí, era sin duda para robar y violar, y me llevaron hacia una caseta de madera que tenían en la parte trasera.

Son dos putos viejos, armados, pero lentos y torpes. Debería haber echado huevos al asunto e intentar escapar. Mejor morir de un tiro, que lo que empiezo a vislumbrar que me espera. Me han desnudado y atado a una mesa de madera, y me han metido un trapo sucio en la boca. Se me clavan astillas en el culo y la espalda, pero me preocupa más ver a Paul sacar de su armario de herramientas un hacha oxidada, y a Margaret traer de la cocina cuchillos y otros utensilios culinarios. Empecé a desear que el viejo perdiera la paciencia y me reventase el pecho de un tiro a bocajarro, pero no parece que vaya a tener esa suerte.

La bruja decrépita se sentó junto a mí, y empezó a hacerme cortes por todo el cuerpo, para luego aliñarlos delicadamente con aceite, vinagre, sal y pimienta. Toda una ensalada de sensaciones, para descubrir que a cada segundo que pasa puedes experimentar más dolor del que creías posible. Paul se acercó a la mesa, con el hacha en la mano, y me miró fijamente a los ojos mientras me recriminaba todo el daño que los comunistas habían hecho a la humanidad. Se acercó un poco más y me susurró al oído: “Hay que eliminar el mal de raíz, a los ladrones se les cortan las manos, a los violadores se les amputa la polla. Somos cirujanos, y extirpamos tumores de nuestra sociedad.”

La vieja seguía a lo suyo, el viejo me miraba en silencio, y yo intentaba despertar de lo que sin duda tenía que ser una pesadilla. Golpe seco, el hacha clavada en la mesa, y mi mano derecha ya no formaba parte de mí. En pleno frenesí mental, recordé a aquel tipo al que llaman Dios, y le cuestioné sobre la necesidad de aquello, y le comenté que hombre, que por lo menos podía hacerme perder el sentido y ahorrarme presenciar el sangriento espectáculo con mi cuerpo de protagonista. Pero no fue hasta perder el resto del brazo derecho y la mano izquierda cuando mi cerebro no pudo más, y mientras me desvanecía, me sentía aliviado, pronto desaparecería el humillante dolor...

Desperté un par de días después en un hospital. Estaba desorientado, asustado, dolorido, manco... Al parecer, justo cuando me iban a hacer la radical operación de cambio de sexo, al viejo le dió un infarto (lo mismo hasta se puso cachondo el hijo de puta, menos mal que su corazón no aguantó unos segundos más). La vieja me apuñaló y salió corriendo en busca de ayuda, y las asistencias sanitarias encontraron a Paul junto a lo que inicialmente parecía una impactante obra de arte moderno, pero que resultó ser lo que quedaba de mí. Pensé mucho en el hospital sobre lo sucedido (no tenía otra cosa que hacer), e intenté buscar alguna moraleja de todo aquello, pero me di cuenta que era un asunto fútil. Más me vale empezar a pensar cómo coño se vive sin manos. Y más me vale intentar no cagarme (literalmente) de miedo cada vez que veo a un octogenario.

viernes, septiembre 17, 2010

Sin sentido




Si pudiese elegir, preferiría no verte. No quiero volver a soportar tu desagradable aspecto, tus actos violentos, tus traiciones ni tus depravaciones. Detesto todo lo que se refiere a tí, estéticamente hablando, y el sentido de la vista se convierte en condena cuando estoy a tu lado.

Si pudiese elegir, preferiría no tener olfato. Tu olor natural, ese inquietante hedor corporal, hace imposible detenerse a tu lado. Un aroma que penetra hasta lo más profundo del ser, colándose a través de las fosas nasales, de un modo que casi puedes masticarlo; lo que sí que se puede sin ningún problema es degustarlo, y eso me recueda...

Que si alguna vez me dejan elegir, prefiero dejar de experimentar la sensación de saborear, pues tu sabor, entre salado y rancio, sólo puede evocar imágenes de tipos obesos de traje y corbata, amantes de la coprofagia, que han quedado para tomar una copita de pis, y lleva inexorablemente al vómito, lo cual es un alivio, pues un charco de bilis y restos extraños de basura ingerida, sabe bastante mejor que tú.

Y por supuesto, prefiero ser sordo a tener que oírte. Esos graznidos que producen a todo volumen tus cuerdas vocales me destroza los tímpanos y tortura mi cerebro. Pasar el día junto a un martillo neumático que no para de picar piedras es asistir al concierto de año nuevo de la filarmónica comparado con tus peroratas malsonantes e interminables, las cuales me producen ganas de golpear tu cuerpo hasta dejarlo sin vida...

Es una lástima que, evidentemente, prefiera no mancillar mis manos con el putrefacto tacto de tu piel.


sábado, septiembre 11, 2010

Historias laborales


A veces resulta imposible no sentir remordimientos. Admiro a las gentes que aprenden a vivir sin cargos de conciencia, y más en una profesión como esta, claro está. Yo no logro ignorar el mal infringido a los demás, y numerosos fantasmas me visitan a diario, emplazándome para reunirnos en el Infierno.

No elegí "currar" en esto, fue una mezcla de mala suerte y necesidad, así que no pude menos que agradecer la oportunidad de conseguir dinero fácil haciendo encargos para uno de los peces gordos de las mafias afincadas en la costa.

Los primeros trabajos, en los que ejercí de mero chófer armado, eran todo un chollo. Pocos días al mes y cobrando mejor que cualquiera de mi generación. La única pega era tener que ir armado por "lo que pueda pasar". Pero, como en todas las empresas, hay promoción interna, con la posibilidad de ganar más dinero, adquiriendo mayores responsabilidades... Y cualquiera dice NO al capo...

Por suerte, la morosa no se encontraba esta vez en su local. De haber estado presente, habría tenido que amordazarla y asustarla mientras le destrozo el negocio. O algo peor. Así pues, me pude centrar en robar y destrozar sin preocuparme por nadie. No entiendo cómo la gente recurre a estos "créditos" mafiosos, sabiendo las historias que circulan por ahí, y créanme, esas historias tienen más de realidad que de ficción.

Nunca olvidaré mi primer encargo desagradable. Una ex-putita del jefe había estado por ahí, zorreando con unos y con otros, entre ellos un pez gordo rival. Por desgracia, en este mundo no se puede tolerar esa falta de respeto. La chica lo pagaría caro. En cuanto vi el aspecto del animal que me acompañaría empecé a sentir nervios. El jefe me dijo: "no te preocupes, sólo tienes que llevar a Igor allí, ayudarle a entrar en el piso de la puta y a reducirla, del resto se encargará él".
El tal Igor era un mostrenco que, a pesar de que yo no soy en absoluto pequeño, me sacaba como dos cabezas. Su rostro repleto de cicatrices indicaba que había visto y vivido de todo. Su veteranía dejaba bien claro que era un grandísimo hijo de puta, uno de los tipos más duros que puedas encontrar. Si no, a estas alturas estaría muerto o en la cárcel, o habría muerto en la cárcel.
Los primeros minutos en casa de la zorra fueron completamente irreales, como un sueño o una película. Patada en la puerta, golpear a la chica, arrastrarla tirando de sus pelos, tirarla en la cama, atarla, amordazarla, y mandarle recuerdos del jefe. Lo que no vi fue mucho peor. Salí de la habitación, dejando a la mujer con Igor, que llevaba toda la tarde con una radiante sonrisa que me helaba la sangre. Esperé sentado en la cocina de la puta, intentando ausentarme, pero los golpes, los gritos, las súplicas, el llanto... Además, el hijo de puta de Igor se cebó, y pasaron allí dentro como dos horas. Maldito sádico. Cuando el gigantón salió de la habitación, me miró y me dijo alegremente que le diese unos minutos para limpiar su traje de sangre, no es cuestión de llamar la atención al salir. Me pregunto cómo es posible que ningún vecino haya llamado a la policía... Seguramente los vecinos sabrán de la vida de la chica y no quieren meterse en problemas. Mientras el psicópata estaba en el aseo, me asomé al dormitorio de la puta; el mayor error de mi vida. Verla tirada en el suelo sollozando, desnuda, con cortes en la cara y en los pechos, con sangre saliendo a borbotones de su boca y su coño, con un brazo roto, en una posición imposible... Pero sobre todo, su mirada, su mirada perdida, que sin embargo parecía que me miraba fijamente, interrogándome, acusándome, ¿por qué me habéis hecho esto? La respuesta para Igor es fácil: "POR PUTA", y todo me iría mejor si yo también pensase así. Por desgracia, no soy así y esos ojos me visitan todas las noches.

sábado, septiembre 04, 2010

Acción-Reacción-Reiteración

Erase una vez un puñado de euros, que llegaron al bolsillo de uno de los honrados siervos de MultiCorp, uno de los grupos empresariales más potentes del planeta. La macro-organización no puede permitirse perder las almas de sus lacayos, y para ello no es necesario ni un buen salario ni buenas condiciones laborales. El trabajador eficiente y fiel no es el trabajador contento, sino el que no tiene elección: “si no trabajas para nosotros serás apartado de la sociedad y morirás en soledad, tras una desdichada existencia”. Y créanme, esto no es una tarea complicada para las cuatro familias de accionistas que controlan los principales grupos inversores del planeta.

MultiCorp mueve la economía mundial a su antojo, mediante la estafa inmobiliaria, el tráfico de armas, el tráfico de personas, el genocidio justificado... Por supuesto, gente tan hábil no tiene problemas para decidir cuando llegan las crisis económicas, o cual será el techo de desempleo en esta ocasión. Todo lo que sea necesario para que su estatus y su orden mundial no se vean afectados por ningún factor imprevisto. Las etapas de esplendor de occidente, y sus intervalos de regresión, tienen algo en común, y es que siempre mandan los mismos.

Ve la tele, vive con miedo, permanece insatisfecho, sufre por necesidades ficticias, cuídate de mantener los buenos hábitos establecidos, llora por los muertos de guerras patrocinadas por quien te paga. Pero, sobre todo, COMPRA. El buen ciudadano consume. Compra tecnología, compra ocio, compra belleza, compra sexo, compra descendencia, compra la salvación eterna, compra la tranquilidad de conciencia. Y todo lo que compra es mentira, valorada en un puñado de papeles, la verdadera droga, mucho más peligrosa que la cocaína que es aspirada a través de ellos.

La televisión e internet son la Biblia. Nos muestran “la palabra” y el camino a seguir. Siéntete insatisfecho con tu vida, con tu cuerpo, con tu trabajo, con tu pareja, con el sexo, con tu entorno. Sólo así cuajará el mensaje que los sacerdotes de las ondas nos hacen llegar. Compra para ser “feliz” en tu escaso tiempo libre, para sentirte guapo, para conocer a tu pareja, casarte con ella, engañarla y divorciarte, para tener una dieta “light”... Hay demasiadas empresas tecnológicas, bufetes de abogados, clínicas de belleza, adelgazamiento y desintoxicación, tiendas de ropa, bancos... Hay que mantener a flote el organigrama, que sólo hay uno para todo nuestro sistema global. Y los que están en la cúspide son siempre los mismos. Ellos son nuestros pastores, nada nos falta.

El puñado de euros que MultiCorp ingresó en la cuenta bancaria (entidad propiedad de MultiCorp) encontró rápidamente una finalidad en la mente del ciudadano decente. La Empresa recomienda a sus empleados comprar sus acciones. Un valor seguro para garantizar su futuro y el de los suyos.

Ahora, nuestro feliz empleado pierde el apetito. Acaban de mostrar en los informativos la salvaje ejecución de un puñado de niños en África. Se levanta y tira por el retrete la sopa precocinada y distribuida por la filial alimenticia de MultiCorp. No hay quien coma tras semejante barbarie. Lo que ni sabe (ni se plantea) nuestro honrado protagonista es que tampoco dormirá, si descubre que los que le vendieron la sopa y las acciones son los mismos que fabrican y venden al mejor postor las armas que decoran las calles de las ciudades del mundo con sesos humanos. Pero eso no va a ocurrir. Nuestro héroe no está aleccionado para pensar o investigar. No va a cuestionarse nada que ponga en peligro su trabajo, su casa y su condición social. Su papel es y será, como lo fue siempre, trabajar y comprar... Sobre todo, comprar.

viernes, agosto 13, 2010

Formas entretenidas de pasar la tarde


Confieso que, inicialmente, sólo pretendía divertirme y amedrentar un ratito a algún semejante. Disfrutar de esa sensación de poder y supremacía macabra, como debieron sentirse los grandes asesinos de la historia. A pesar de todo, no pensaba llegar a mayores…

El collage de piel, órganos internos, huesos, sangre y fluidos varios sobre mi sala de estar me hizo preguntarme: “¿cómo cojones voy a limpiar todo esto?”. Además, odio limpiar. En tiempos pasados no me importaba, pero he llegado a la conclusión de que la limpieza de los cubículos de hormigón en los que nos hemos auto obligado a vivir no es más que otra de las herramientas de control de masas del sistema capitalista regentado por los poderosos del primer mundo. En todo caso, ahora mismo no hay otra que llenar el cubo de agua y coger la fregona.

Mientras limpio, reflexiono. La tarde ha sido mucho mejor de lo que, a priori, pensaba. Inicialmente, me centré en atar y asustar a la chica. Me encantó verla llorar, gritar y suplicar; pero cuando me animé a hacerle algunos cortes en las piernas, y ví la sangre brotar, perdí la cabeza y un deseo irresistible de dar la vuelta a su interior se apoderó de mí. Creo que me quedaré al menos con una mano de recuerdo…

NOTA MENTAL: La próxima víctima ha de ser un hombre. Si no, seguro que algún lerdo (o alguna lerda, que hoy en día si no se especifica continuamente el sexo del afectado, te consideran retrógrado) que haya “estudiado” periodismo o ciencias políticas lo podría calificar de violencia machista. Yo no mato por excitación ni sentimientos, yo mato por divertimento.

viernes, julio 30, 2010

Sonisphere 2010 UK (exorcismo mediante metal)

Sí, chicos y chicas del lugar, hoy es el día, esta tarde partimos rumbo Knebworth Park para asistir al Sonisphere 2010... Cierto es que la noticia de última hora de que los Municipal Waste han cancelado la gira europea por problemas familiares es una gran putada... pero voy a ver a Converge, Antrhax, Fear Factory, Slayer, Soulfly, Rammstein, Iron Maiden... Un montonazo de grupos cojonudos que me tienen que servir para descargar adrenalina y reventar cráneos de "posers" jejeje. Los últimos tiempos, tiempos de dolor, pérdidas, y recibir ataques indiscriminados de "putas y maricones", tienen que acabar este fin de semana. A partir de ahora, llega un nuevo tiempo, un tiempo en el que la oscuridad guiará mis pasos. Un tiempo en el que a todo cerdo le llegará su San Martín.

Tiempos de oscuridad, y nuevas esperanzas, el lado oscuro guía ahora mis pasos, y qué mejor modo de entrar en comunión con él que con este fin de fiesta que habrá el domingo en Knebworth.


Gracias a los que siempre me habéis apoyado, querido, y creído en mí, me tomaré unas cuantas birras a vuestra salud. A todos aquellos cerdos y cerdas que habéis intentado enterrarme en vida, casi lo conseguís, malandrines, pero no lo habéis hecho, y gracias a vosotros he aprendido unas lecciones muy valiosas. Nunca más creeré las mentiras de la luz, ni dejaré que induzca en mí falsas ilusiones. La única luz en la que se puede confiar es en la del fuego purificador, que algún día quemará vuestras almas, entre aromas a estupidez, ignorancia, egoísmo, vinilo y mierda.

domingo, julio 25, 2010

MUNICIPAL WASTE - Massive Aggressive

En 7 días estaré viendo a esta gente, y me voy a volver jodidamente loco...


We've all tried to sit and concentrate
It just boils you up with hate
Have you blown all your wishes just trying to resist it?
While all hope for forgiveness has been ripped up into pieces

Look back at all the lies they said
Pushing you closer to the red
Is all the daily intake
Pushing you far past the brink
The patience once held over
Has been quickly boiling over

You pushed us toward mass aggression
And there's no other way out
Can't deal with all the pressure
And we're gonna bring you down

Woke up today and saw the light
It's not something morally right
And now our only business is focused on all of this
No doctor's going to cure it
And being pissed is my therapist

You pushed us toward mass aggression
And there's no other way out
Can't deal with all the pressure
And we're gonna bring you down

No longer want to live with this pressure in my head
And pretty soon things are going to change
Frustration slowly builds and it's crushing all my will
Finally had the strength to rearrange

You pushed us toward mass aggression
And there's no other way out
Can't deal with all the pressure
And we're gonna bring you down